miércoles, 19 de agosto de 2009

El reconocimiento

Algunas personas se esfuerzan por ser reconocidas por los demás. Alimentan su autoestima en el decir ajeno y se entristecen o deprimen cuando sus acciones o actividades no son valoradas. Todo lo que hacen tiene como finalidad el aplauzo o la adulación. El reconocimiento ajeno es la savia que los alimenta y moviliza permanentemente.
A los amadores de sí mismos ni siquiera les importa si lo que hacen está bien o mal, es verdadero o falso; lo único que les importa es la adulación, aunque sea totalmente interesada. Muchos de ellos saben ciertamente que algunas adulaciones no son sinceras, pero qué les importa.
¿Por qué buscan ser reconocidos?Quizás, porque se sienten inferiores a los demás y la adulación los iguala; quizás, exactamente por lo contrario, se sienten superiores a los demás y necesitan que se lo digan frecuentemente. Sea por una cosa o por la otra, los amadores de sí mismos buscan reconocimiento como si fuera el alimento diario de todos los días.
Ni siquiera sirve acerles notar a quienes buscan reconocimiento lo efímero que es la vida y lo diminuto que es el tiempo en la tierra, puesto que muchos de ellos buscan en el aplauso la eternidad de su ser y lo patentizan como si viniera del tercer cielo o de Dios mismo.
Lo anecdótico en estos individuos se deja notar en su ambivalente accionar con sus semejantes: aquéllos que lo adulan reciben recompenza; por otro lado, quienes no los reconocen son descalificados violentamente. En fin, tenemos que convivir con quienes creen ser superiores a los demás; lo que no tenemos que creer es que realmente lo son. Claudio G. Barone.

domingo, 26 de julio de 2009

El poder de las ideas propias


El poder de las ideas propias

Para muchas personas decir lo que piensan les trae muchos problemas. Sin lugar a dudas, pensar por sí mismos es una virtud que muy pocas personas desean practicar por temor a ser tildados de polémicos o problemáticos. En una sociedad que esconde la basura debajo de la alfombra, es muy difícil decir que no estamos de acuerdo con algo.

Generalmente, la sociedad tiende a homogenizar las estructuras del pensamiento, es decir, existe como un diccionario cultural de lo que está permitido pensar y hacer;fuera de ese diccionario las personas son anormales o políticamente incorrectas y, por tal motivo, deben ser condenadas al ostracismo.¡Qué estupidez!La misma sociedad que levanta las banderas del libre pensamiento desecha de sus entrañas a quienes se atreven a decir algo diferente del diccionario permitido.¿En qué quedamos?

No hay dudas que siempre es mejor ser tildados de polémicos por disentir con aquellos focos humanos que sustentan el poder, que arrodillarse a chuparles las medias en silencio.Quienes detentan el poder no tienen ningún interés en revisar sus ideas, puesto que son ellas mismas las que lo han colocado en un lugar de privilegio. Lo que quieren es ser adulados y si es posible en algunos casos, pasar desapercibidos. Claro, desde el lugar de anonimato se puede manipular con mayor eficacia.

Para romper con estas estructuras isomórficas de poder, debemos anclarnos a la idea que pensar por sí mismos nos libera de la complicidad de los abusos y las decisiones mezquinas e intereses egoístas de quienes ciegamente no se atreven al diálogo por miedo a perder su poder.

El pensamiento independiente rompe con todas las ligaduras de las formas egoístas de que está armado el poder, cualquiera sea su ámbito de aplicación.Los poderosos tienen temor de aquéllas personas, que pensando distinto, los enfrentan, puesto que ponen al descubierto, no sólo sus prácticas indecentes sino también, su falta de preparación para ocupar el lugar que tienen en la sociedad.

El poder resiste al distinto, lo combate y lo excluye sin miramientos. De modo que para poder destruirlo se le debe pagar con la misma moneda:combatirlo, denunciarlo, y criticarlo todas las veces que sean necesarias con las armas del pensamiento insobornable e inclaudicable:Claudio G. Barone.

lunes, 20 de julio de 2009

Sobre los valores

Sobre los valores

Se escucha a menudo decir que no hay valores en la sociedad. En realidad, lo que se quiere decir es que los valores que existen en la sociedad son muy malos, puesto que no existe ninguna sociedad que no tenga valores, que sean buenos o no es otra cuestión, y eso queda a criterio de cada individuo o de cada paradigma o modelo cultural. Lo que no se puede decir es que no hay valores, dado que estas sustancias de nuestras acciones y reacciones se forman dentro de un entramado social histórico-cultural particular y se nutren de una experiencia sedimentada de costumbres y tradiciones heredadas.




Desde que nacemos, nuestra mismidad se encuentra transida por la alteridad, en otras palabras, el otro con toda su cultura y con todo un mundo construido e interpretado de una manera particular, según sea la cultura o cosmovisión del mundo de la que hablemos o estemos analizando, nos interpela y nos suministra su A.D.N social de una manera irresistible. Es muy difícil escaparse del influjo de la cultura en la que se ha nacido. De manera que todos los seres humanos al desarrollar una acción, cualquiera sea, están desarrollando algunos de los valores que están asociados con su A.D.N sociocultural;luego, los que determinan qué acciones pueden ser calificados de valores positivos son los integrantes de la misma sociedad, los que se encuentran dentro del mismo entramado cultural.

jueves, 16 de julio de 2009

Los obsecuentes



Los obsecuentes suelen llegar muchos más lejos en la vida que aquellos que intentan pensar por sí mismos. Al poder, cualquiera sea su forma de presentarse, le agrada tener un par de obsecuentes al lado; aún más, lo necesita para ocultar toda la basura que esconde.


La obsecuencia se alimenta de la falta de autonomía, es decir, cuando una persona no se da la ley a sí misma para determinar el curso de su vida, transfiere en un supuesto superior, llámese líder o como fuere, toda la responsabilidad de su propia vida. Y a estos líderes les gusta que les chupen las medias, los hace sentirse como lo que realmente no son, pero imaginan serlo: le levanta la autoestima.


Sin embargo, es dable esperar que exista una alimentación recíproca entre el obsecuente y aquél que es objeto de la obsecuencia. Ambos se necesitan y se nutren gradual y progresivamente estando juntos y cumpliendo cada uno su función. Entre ellos se entreteje una cadena de favores que cuando alguno comienza por romper un eslabón, la relación se deteriora paulatinamente hasta desaparecer. Claudio G.Barone

miércoles, 15 de julio de 2009

El amor existe solo cuando se lo está practicando

La verdadera medida del amor es el amor sin medida. San Agustín

El amor es una virtud inigualable que sólo existe cuando se lo está practicando. De otro modo, si existe como esencia o como forma abstracta no es algo que valga la pena ni siquiera pensar. Puesto que no sirve demasiado preguntarse si el amor existe como mera forma cuando delante de nuestros ojos tenemos a un necesitado, a un hambriento o a un enfermo. Las caras de la necesidad son tan concretas y tangibles que un amor abstracto, de meras palabras o promesas no es mayor que la nada.

Algunos creen que se puede amar desde una postura cómoda e inactiva. Creen que es mucho mejor ocultar la necesidad o criticarla que asistirla con hechos y acciones desparalizantes. Llaman amor a un llamado por teléfono muy de vez en cuando y por compromiso. Sin embargo, eso no es más que una forma barata de justificar su apatía. Claudio G.Barone

Basta de chantas

Basta de chantas
Después de observar a tantos chantas que viven de la fe, no por fe, me preguntaba si la necesidad espiritual de las personas es tan grande que cualquiera que promete quimeras tiene el futuro económico asegurado de por vida. De la zandalías de Jesús a los vehículos y casas superlujosos de algunos predicadores existe un abismo imposible de ser saltado; el hiato es tan grande como lo es la persona de Cristo con relación a todos estos chantas.
Los chantas creen que Dios está a su servicio y debe darles lo que ellos le piden. En lugar de ellos ponerse al servicio de Dios, le exigen a Dios que haga lo que le piden, ¡qué ridículo!. La fe es algo tan profundo como para que los chantas en nombre de Dios la vulgarizen de esa manera.
Los chantas se caracterizan por su gran habilidad de manipular a las personas vendiéndoles sapos al por mayor. Se rodean de obsecuentes, algunos a sueldo y otros voluntarios que le levantan la autoestima cuando lo necesitan. Lo hay en todos los niveles sociales y en todas las actividades y profesiones, pero el chanta religioso es doblemente perjudicial porque no cree él mismo en lo que está prometiendo a través de sus predicaciones que, no está demás decirlo, son absolutamente superfluas cuanto innecesarias, por la falta de conocimiento concienzudo de los temas que desarrolla. Seguiré ridiculizando a estos detractores de la fe. Claudio Barone.

El amor a los hijos



Sin ninguna duda, los hijos nos dan tanta alegría que nos sentimos mal al verlos mal a ellos y nos involucramos en sus problemas como si fueran los propios.
Muchas veces no nos damos cuenta que ellos nos están observando en todo momento y hacemos cosas que puede perjudicarlos.
El amor practicado es la única manera de producir hijos sanos emocionalmente. A realizarlo sin perder tiempo, que es una de las pocas cosas que valen la pena de la vida. Claudio G. Barone